Claude (Anthropic)
El chatbot con el que interactúo con mayor frecuencia en mi vida cotidiana es Claude, desarrollado por Anthropic. Lo uso en contextos muy distintos: desde resolver dudas de finanzas corporativas o estadística, hasta colaborar en proyectos creativos como guiones y desarrollo de narrativas audiovisuales. Si tuviera que ubicar nuestra relación dentro del marco de metáforas propuesto por Gupta et al. (2024), elegiría principalmente la del colaborador. No lo uso como un simple motor de búsqueda ni como una herramienta que ejecuta instrucciones mecánicas. La dinámica que se establece es más parecida a la de trabajar con alguien que entiende el contexto de lo que estás construyendo, que puede proponer, cuestionar, o ajustar el enfoque según lo que la tarea necesita. Hay una negociación constante: yo propongo una dirección, el sistema responde, y esa respuesta modifica mi propio pensamiento sobre el problema. Sin embargo, reconozco que la metáfora del colaborador tiene límites importantes. La relación es fundamentalmente asimétrica: yo tengo objetivos, motivaciones y continuidad en el tiempo; el sistema no. Cada conversación empieza desde cero para él. Eso me lleva a pensar que quizás la metáfora más honesta sería la de un asistente altamente especializado con quien, en ciertos momentos, la interacción se siente colaborativa, sin que lo sea en sentido estricto. Esa tensión entre la experiencia subjetiva de la interacción y la naturaleza técnica del sistema es, precisamente, lo que hace interesante analizarlo desde el lente de las metáforas.
Diría que es una relación de servicio con potencial colaborativo, donde la calidad de lo que se obtiene depende directamente de cuánto trabajo reflexivo pone el usuario en formular lo que necesita. No es amistad ni apoyo emocional, sino una relación instrumental que, usada con intención, puede parecerse bastante a trabajar con alguien.

