Copilot y otras inteligencias artificiales son herramientas que he usado tanto que me he acostumbrado a pensar menos y eso ha tenido un gran impacto en mi vida académica. Llegué al punto en el que incluso las tareas más simples, que podría resolver yo misma, pido automáticamente a la IA que las haga. Esta dependencia ha reducido mi práctica de razonamiento y ha debilitado mi confianza en mis propias capacidades, porque me resulta más fácil pedirle a Copilot que piense por mí en lugar de ejercitar mi propio criterio. Actualmente, intento usarla más como una herramienta de apoyo, que era cómo la usaba antes cuando recién la conocía, porque con el tiempo me he dado cuenta de que muchas veces lo que dice no es correcto pero como por un tiempo ya le había dado tanta confianza a lo que decía, nunca cuestionaba si era cierto o no.
