Facebook
En mi vida cotidiana produzco constantemente datos de interacción digital a través de mi uso de Facebook. Cada vez que doy “me gusta”, comento una publicación, comparto contenido o reacciono con un emoji, estoy generando datos que quedan registrados en la plataforma.
El dispositivo con el que produzco estos datos es mi teléfono celular (smartphone), desde donde accedo diariamente a la aplicación de Facebook.
La plataforma donde estos datos quedan almacenados es Facebook, red social que forma parte de la empresa Meta Platforms.
Un ejemplo del tipo de información que genero en la plataforma se puede ver en el registro de actividad o en el historial de interacciones:
El uso cotidiano de Facebook convierte mis acciones más simples en datos cuantificables. Lo que para mí es una interacción social —dar un “me encanta” o comentar una publicación— para la plataforma es información valiosa que alimenta algoritmos de segmentación y personalización de contenido.
Desde una perspectiva de comunicación digital, estos datos no solo construyen mi perfil como usuaria, sino que también influyen en:
El tipo de contenido que veo.
La publicidad que me aparece.
La forma en que la plataforma moldea mis hábitos de consumo informativo.
En conclusión, en mi vida diaria no solo socializo en Facebook, sino que también produzco datos que forman parte de un ecosistema digital basado en la recolección, análisis y monetización de la información.
