Un algoritmo con el que interactúo constantemente es el de Pinterest. Desde mi experiencia como usuaria, funciona observando lo que hago dentro de la plataforma: qué pines guardo, cuáles veo por más tiempo, qué busco y con qué tipo de contenido interactúo. A partir de ese comportamiento, el algoritmo construye una especie de “mapa” de mis gustos y empieza a recomendarme contenido similar o relacionado, anticipándose a lo que cree que me puede interesar.
Su objetivo principal es predecir qué tipo de imágenes, ideas o referencias visuales me van a gustar lo suficiente como para que siga navegando, guardando contenido y regresando a la app.
En mi vida cotidiana, este algoritmo influye bastante, especialmente en decisiones estéticas y de consumo. Muchas veces las ideas de cómo vestirme, maquillarme o incluso qué cosas comprar nacen de lo que veo en la plataforma. Constantemente estoy expuesta a tendencias, estilos y referencias que terminan moldeando mis gustos.
